LA CIUDAD Y LO URBANO – Manhattan Transfer

ACERCAMIENTO A MANHATTAN TRANSFER, DE JOHN DOS PASSOS

De una distinción muy concreta parte Manuel Delgado para introducirnos en la antropología urbana: “La ciudad no es lo urbano. La ciudad es una composición espacial definida por la alta densidad poblacional y el asentamiento de un amplio conjunto de construcciones estables, una colonia humana densa y heterogénea conformada esencialmente por extraños entre sí. (…) Lo urbano, en cambio, es otra cosa: un estilo de vida marcado por la proliferación de urdimbres relacionales deslocalizadas y precarias”1. Nosotros usaremos esta distinción para abordar la narrativa de John Dos Passos y entender qué de lo urbano hay en ella, qué características hace que una obra como Manhattan Transfer pueda ser considerada como ‘novela urbana’.

Otro concepto que debemos tener en cuenta es el de urbanización, que se entiende como una progresiva articulación entre la movilidad espacial y la vida cotidiana, de tal manera que la segunda queda subordinada o atravesada por la primera. De acuerdo con esto, podemos hablar de espacios urbanizados en los cuales las relaciones interpersonales son aleatorias, efímeras, no forzosas; en estos espacios se presentan interacciones e intercambios en los que predomina la incertidumbre, lo fortuito y el anonimato –las relaciones se producen entre desconocidos. Lo urbano, pues, viene dado por la ausencia de estructuras, rutinas y roles sociales completamente definidos y previsibles (ausencia de la pequeña comunidad); lo urbano se opone a todo tipo de estructuración, puesto que su principal característica es la fluctuación constante, la continua agitación de la vida social que se hace y se rehace permanentemente en las calles, en las plazas, en los buses. Lo urbano heterogéneo y gaseoso, se opone a la homogeneidad de la pequeña comunidad.

La estructura de Manhattan Transfer nos sumerge de entrada en esa heterogeneidad, en “esas superficies en que se producen deslizamientos de los que resultan infinidad de entrecruzamientos y bifurcaciones2”. Embarcadero es el principio de las urdimbres relacionales que se extienden por toda la Nueva York de Dos Passos. En la primera escena vemos una gran cantidad de gente desembarcando en el muelle de la ciudad –inmigrantes, pensaríamos inmediatamente; en la siguiente escena, un hospital y cestas de recién nacidos; para la tercera y cuarta escena ya tenemos dos nombres –Bud Koperning y Ed Thatcher -; y en la escena final, se nos aparece un hombre de sombrero y levita que decide afeitarse su barba -¿un judío?. Simplemente imágenes peregrinas e inacabadas nos muestra el narrador, imágenes que se van expandiendo poco a poco y presumimos guardan alguna relación. De diferentes e impensados puntos se desprenden varias líneas diegéticas, quizá paralelas, perpendiculares, transversales, sin una estructura que las defina, sin una función establecida, sino más bien en plena cocción –como diría Delgado- y susceptibles en todo caso de colisionar, rozarse, modificarse o sencillamente ignorarse.

Esta estructura diegética logra captar la esencia de lo urbano apropiándose o, mejor, anticipándose a la antropología urbana. Dice Delgado que el objeto de esta antropología “serían las estructuras líquidas, ejes que organizan la vida social en torno a ellos, pero que raras veces son instituciones estables, sino una pauta de fluctuaciones, ondas, intermitencias, cadencias irregulares, confluencias, encontronazos…”3; Dos Passos plasma esas intermitencias en su narrativa. Observemos el capítulo Metrópoli. Ed Thatcher observa un periódico que habla de la expansión de la ciudad, afuera, un incendio (Pág. 37); en la siguiente un señor Perry está a punto de comprar un lote para construir; de nuevo aparece Bud en una barbería; un hombre corre desesperado para encontrarse con Emily en la escena 6; en la siguiente escena dos franceses llegan en barco a Nueva York; en la escena 10 (Pág. 52) unos chicos huyen de su pandilla enemiga; después, alguien alquila un apartamento recién construido, los franceses trabajan al igual que Bob y al final (Pág. 76) un lechero es atropellado por un vagón. Confluyen, como vemos, fragmentos de vida, unos más amplios que otros; personajes anónimos, estrellas fugaces que tal vez no aparezcan de nuevo; y las calles de Nueva York aparecen como escenario de batallas, espacios construyéndose y destruyéndose4, RUTA de asesinos fugitivos, pretendientes retardados y lecheros distraídos. Lugar de paso.

La ciudad, entonces, constituye múltiples posibilidades; El espacio neoyorquino ofrece inagotables usos, pero todos transitorios, dispuestos a ser reconfigurados a cada momento por los transeúntes y sus respectivos intereses. El espacio urbanizado no está completamente territorializado, es un no-lugar, espacio con “memorias infinitas” diría Delgado, espacios con marcas que “el paseante puede disolver para generar con sus pasos un espacio indefinido, enigmático, vaciado de significados concretos, abierto a la pura especulación”5. Así, el Broadway que atraviesa Bud fugitivo, desempleado, hambriento y paranoico (Pág. 50), es muy distinto al Broadway que Ellen encuentra tras dejar a su marido y cuya iluminación le produce una sensación de felicidad y libertad (Pág. 208); pero su diferencia no radica tanto en la distancia temporal de estos sucesos, sino que tiene que ver con el fragmento de vida que ambos personajes dejan en ese momento sobre esa calle y la relación que establecen con ella(s) -la calle y la ciudad en general. De esta manera, Nueva York es para Émile una mina de oro; para Stamwood, el mejor lugar para fracasar; para el Jimmy de 5 años, nido de incendiarios y secuestradores, lugar para suicidios, para mendigar, para construir, para triunfar, para trabajar, para quemar, para salir y entrar y volver a salir, o simplemente para morir.

Las relaciones urbanas, a partir de esos vínculos esporádicos y casuales, y de la constante re-territorialización de los espacios, forma una malla que tiende a no acabar jamás; el transeúnte y su andar extienden sus hilos hasta el infinito y la malla permanece en estado de fabricación: los hilos se bifurcan, se entrecruzan, se reencuentran, pero nunca con una congruencia clara ni con la idea de un producto final. Un burbujeo constante es lo que presenciamos en la ciudad, un burbujeo cuyo centro no palpamos porque no existe, porque es un producto del estar juntos -en palabras de Manuel Delgado- y del choque de consensos disímiles e incluso antagónicos. El centro es la ciudad en sí misma, conteniendo un todo disgregado y efervescente que puja por sus propios intereses y que crea sus propias centralidades, puntos de referencia que se modifican de acuerdo a su conveniencia6.

Ante esta liquidez en las estructuras urbanas, ante laxitud y casualidad de la vida social, la narración de Dos Passos hace su propio trabajo de descentralización y erupción de historias:

He ahí una estampa de la sociedad en la cual hay escenas pero no argumento. El actor de la vida pública percibe y participa de series discontinuas de acontecimientos, secuencias informativas inconexas, materiales que no pueden ser encadenados para hacer de ellos un relato consistente, sino, a lo sumo, sketches o viñetas aisladas dotadas de cierta congruencia interna”7.

Dos Passos, como un observador flotante, nos da fragmentos de vida, como el fisgón de La ventana indiscreta -retomando el ejemplo de Manuel Delgado. Fragmentos muy extraños entre sí en la primera sección de la novela, y que acaso se entrecruzan precariamente en la segunda y tercera sección, pero que no logran hacer un relato consistente, sino apenas una ebullición de situaciones y personajes, roses en espacios y tiempos lejanos como el de George Baldwin y Ellen, o el de Joe Harlam y Joe O’keefe, todos producto de eventualidades como accidentes de lecheros o desplomes de La Bolsa. Manhattan Transfer se erige como una observación flotante que intenta atrapar la simultaneidad del caos a través del discurso literario que, como dice Delgado, se parece mucho a lo urbano: Discurso antiguo y nuevo, escribiéndose constantemente, renovándose y bifurcándose hasta el infinito a través de intertextualidades, paratextualidades, metatextualidades, plagios.

Manhattan Transfer es un lugar de paso. Como la ciudad, es un centro en sí misma, conteniendo un todo conformado de breves historias que forcejean por salir a flote y que eventualmente se entrecruzan; historias inacabadas y de las que puede seguir surgiendo un sin número de historias. Como un autobús, la novela hace paradas por toda la ciudad, reúne a varios extraños, sus murmullos se escuchan, sus historias salen a flote, se apagan y eventualmente resucitan, los extraños se bajan y se suben todo el tiempo y la red se extiende más y más; semáforos detienen nuestra atención en ciertos lugares, un trancon nos lleva lentamente por una avenida; la ruta pasa de día y de noche, con sol o lluvia; y los extraños siguen subiéndose, dejando escuchar sus voces y el perpetuo rehacerse de la ciudad.

BIBLIOGRAFÍA

ARRINGTONG, Phillip. Sense of an ending in Manhattan Transfer. 1982. URL http://www.jstor.org/stable/2925854. Fecha de Consulta: Marzo 29 de 2009.

DELGADO, Manuel. El animal público: hacia una antropología de los espacios urbanos. Barcelona: Anagrama. 1999.

DOS PASSOS, John. Manhattan Transfer. Barcelona: Circulo de Lectores. 1995.

1 DELGADO, Manuel. El animal público: hacia una antropología de los espacios urbanos. Barcelona: Anagrama. 1999 pg 23.

2 Ibíd. Pg 25.

3 Ibíd. Pg 26.

4 El señor y la señora Olafson alquilan un piso en un edificio nuevo (Pág. 69-70).

-Veo que hemos tomado una decisión, y muy inteligente… No hay mejor sitio en Nueva York, y dentro de unos meses no podrían encontrar nada por aquí ni con influencia ni con dinero.

(…) Subieron por una bocacalle, entre dos solares. En una esquina se veía aún la desvencijada mitad de una alquería, construida de tablas solapadas. Quedaba aún media habitación, con un papel azul de flores comido por manchas pardas, una chimenea ennegrecida por el humo, una alacena destrozada y una cama de hierro toda doblada.

5DELGADO, Manuel. Op. Cit. Pag 40.

6Entendemos, así, porque Bud no logró adaptarse a la ciudad. Proveniente de un granja, Koperning buscó siempre la manera de cristalizar la ciudad a la manera de la pequeña comunidad, con un centro definido y claro que administra, estructura y asigna lugares; él jamás pudo entender la flexibilidad, la frialdad y la precariedad de las estructuras urbanas. Su error es buscar el centro de un todo completamente descentralizado en lugar de ubicar sus propios centros; de ahi que su opción última sea morir.

7 DELGADO, Manuel. Op Cit. Pág. 184

ANDRÉS FELIPE ORTIZ ©UNIVERSIDAD DEL VALLE

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2 comentarios

  1. Estimado
    Me encantó la manera en que relata sobre el tema.
    Volveré volviendo esta web para continuar profundizando sobre el contenido.

    Muchas Gracias

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