LA CIUDAD REAL, EL PROTAGONISTA AGRESIVO – Manhattan Transfer

New York: Como una selva de acero y de cemento.

Esclaviza a los hombres, pero sin éstos.

¿Qué sería de New York?

Abel Cotes, “Reseñas y críticas breves

Una recién nacida se contorsiona dentro de una cesta “como un hervidero de gusanos”. La enfermera displiscente que se halla de turno, se encarga de los mínimos cuidados que las condiciones del momento permiten. La neonata es Ellen Thatcher, una niña que se ha dado a luz en la ciudad de vapores hirvientes y sonidos grises: New York.

Manhattan Transfer, de Jhon Dos Passos fue publicada casi simultáneamente a “El Gran Gatsby”, de Francis Scott Fitzgerald. Ambas recrean una imagen compleja de New York y del “sueño americano”, pero aunque El Gran Gatsby propone una mirada más optimista y esperanzadora, Manhattan Transfer presenta un cuadro de la ciudad desde el fracaso, la incertidumbre y las oportunidades y desastres que llegan arbitrariamente a personajes fugaces, que sólo existen en función de Manhattan y su descripción metálica ante el lector.

La ciudad no es solo un actor, es EL ACTOR. Manhattan es un organismo desenfrenado corriendo en distintas direcciones, al igual que las personas que llegan a él. Todo orbita alrededor de la metrópoli. Las vidas de todos dependen intrínsecamente de las grietas sociales y políticas por las que atraviesa la ciudad en las primeras décadas del siglo XIX. Como la manipulación de los objetos sobre los personajes en “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert, Manhattan envía una señal a las personas y de inmediato éstas son movidas a modificarse con respecto a los movimientos de la ciudad:

Una ráfaga de viento llenó la calle de humo y de olor a trapos quemados. Thatcher se sintió repentinamente indispuesto”.i

Toda la polisemia urbana es el reflejo íntegro de los fenómenos que, muchas décadas después, evidenció Jesús Martín Barbero en su texto “Dinámicas urbanas de la cultura”:

Así pues, no se trata de definir, se trata más bien de comprender y asomarnos a la ambigüedad, a la opacidad, a la polisemia de esos procesos que han dejado de ser unívocos, que han perdido su vieja identidad”.

En el texto de Martín barbero, se analizan las dinámicas culturales comprendidas en la urbe, agrupadas en puntuales clasificaciones: hibridaciones, desterritorializaciones, descentramientos y reorganizaciones. Aunque el desarrollo de muchos de éstos procesos se desataron con el auge de la high-tech (computadores, robótica, internet, nanotecnología), dichas dinámicas ya se perciben en la escritura fragmentada de Manhattan Transfer. La primera imagen de desterritorialización la tenemos en Bud Koperning, un inmigrante de triste fachada que llega a New York buscando éxito y si está con suerte, también escapar de su oscuro pasado. La gran amalgama de voces que conviven en Manhattan aportan directamente a los procesos de hibridación: alemanes, italianos, judíos, franceses; todos tienen una función clave para las significantes evoluciones –o involuciones dirán otros- en la oralidad de los citadinos. Dentro de Manhattan Transfer se pueden hallar varias representaciones de descentramientos y reorganizaciones, como por ejemplo, las que se dan como resultado de la construcción del metro; una idea de progreso que cobró la vida de miles de italianos, irlandeses y afroamericanos.

Antiguamente, la definición de ciudad era más o menos sencilla, sin muchas profundizaciones y con marcadas distancias. La obra de Dos Passos no contó con muy optimistas o acertadas definiciones. Su contemporaneidad, sin la avanzada apreciación cinematográfica de hoy y con concepciones elementales de los procesos de la cultura urbana, ignoraba la innovación y agudeza de la propuesta estética de Dos Passos. Los críticos del momento desconocían la poderosa incidencia que tendrían los movimientos artísticos expresionistas sobre la hermenéutica del arte y de los estudios sociológicos, incidencia que parece haber percibido Dos Passos mucho tiempo antes de que los analistas de la época se dieran por enterados. Basta recordar los comentarios publicados por la crítica del momento:

Pero como muchas obras de la vanguardia artística de la primera post guerra, recibió duros golpes de la crítica conservadora. El distinguido profesor y crítico Paul Elmer Moore la llamó “una explosión en un albañal”. Las influencias fueron cargadas como losas sobre los hombros a Dos Passos; obra derivativa del naturalismo, obra expresionista, caleidoscópica e incluso “cinemascópica”. La clasificación y la adjetivación privaron, una y otra vez, sobre el análisis, como siempre ocurre con obras renovadoras que dejan perpleja o resentida a la crítica rutinaria o, peor aún, a la que se ejerce como refugio de frustraciones creativas”.ii

En la obra de Dos Passos se reúnen variadas y significantes modalidades artísticas: El eco de Brancusi y su aporte reivindicador a los valores básicos de la abstracción tuvieron un impacto precoz en Manhattan Transfer; el posicionamiento de valores como el volumen, la textura, el espacio y el ritmo tienen papel primordial en la obra del escultor rumano y dicha posición también rescata Dos Passos en cada una de sus descripciones. Giacometti, con sus figuras filiformes como imagen del ser humano indefenso tras los fenómenos de la Segunda Guerra Mundial dijo una máxima que parece percibirse entre líneas en la obra de Dos Passos: “Lo que yo llamo destruir consiste simplemente en deshacer para mejorar y continuar”. Todo el movimiento artístico de la época se concatenó para la deconstrucción y reconstrucción de la concepción y mentalidad urbana que, como en el jazz y en la obra de Brancusi, se mueve en espacios, tiempos y ritmos:

¿Qué caracteriza a la vanguardia? Su rechazo de las concepciones lineares o consecutivas del tiempo y el espacio. Su aspiración a sustituirlas por concepciones simultáneas, fragmentarias, circulares y originales (en el sentido de un regreso a los orígenes pero también de una proyección inédita del futuro)…

El mundo material, advierte Bergson, se derretirá en un solo flujo, “una continuidad fluida, un devenir”. Cubistas y futuristas, James Joyce y Virginia Woolf, D. W. Griffith y Sergei Eisenstein, Brancusi y Giacometti, crea todas las nuevas formas del tiempo y el espacio múltiples, tan diversos como el punto de vista simultáneo…”.iii

En Manhattan Transfer, si bien no encontramos una ciudad maniquea, moral o espiritual; hallamos la ciudad real: el conglomerado de personas obligadas, por situaciones de su cotidianidad, a vivir en el vientre de esa bestia implacable de asfalto que todos los días presenta la misma cara gris y ruda, y aún así, reserva amplias sorpresas tanto para los que entran como para los que han nacido en ella. Manhattan es feroz. La metrópoli es agresiva y veloz. Si se halla en un estado de aparente serenidad, es sólo la máscara para una nueva sorpresa: para romper la etiqueta del joven Jimmy Herf, para levantar el alma artística de Ellen Thatcher, para llevar dinero y adulterio a la casa de los Mc Clain… Aunque en la novela, la ciudad se describe desde puntos individuales de los personajes, la masa está presente, latente y caótica. La aparición de lo masivo y su cultura, tras la muerte de lo folclórico, será la germinación de la urbanidad que conocemos actualmente. Cada uno de los movimientos de la cultura masiva, bruscos e inagotables, es la constante de la narración urbana. En palabras de Manuel Delgado, citando a Gabriel Tarde, eso es la movilización de la masa: un destello fugaz de acción, efervescencia proveniente de un fondo oscuro y desordenado.

Dos Passos comienza cada capítulo de su obra con un párrafo en cursiva, como introducción a la narración que se lleva a cabo a continuación. Este preámbulo actúa como un telón que comienza a correr con el fin de apreciar un nuevo ángulo de la urbe: inmigrantes que huyen, niños ricos y taimados, alemanes farsantes, mujeriegos, abogados, senadores… Todos aportando su pequeña parte que comencemos a descifrar la Manhattan que se nos aparece, como en un rompecabezas. Esta introducción es como una estrategia para que el lector, aun si analiza los signos y síntomas e interprete el trasfondo de los personajes, no se encariñe demasiado con alguno de ellos, olvidándose que el verdadero centro de la narración es la metrópoli, de principio a fin.

Manhattan se mueve al compás de un jazz de rag impredecible. Sabemos que va a ocurrir un cambio en la acústica de hierro, pero no sabemos con plena certeza cuándo o dónde pasará ni a quienes afectará. Algunas veces adivinamos fracasos y predecimos disturbios. Como con una partitura, en New York se mueven los personajes, dando vida a la urbe y entregando su futuro:

Hombres y mujeres entran a empellones en el maloliente túnel de madera, apretujándose y estrujándose como las manzanas al caer del saetín a la prensa”.

Carlos Fuentes se refiere a la Manhattan de Dos Passos en el prólogo hecho a la edición de Círculo de Lectores de “Manhattan Transfer”: “un espeso velo de apariencias desciende sobre Manhattan. Es la niebla del desencanto aliviada por los rayos de la ironía”. Estas palabras parecen hallarse en un fragmento de “The hands that built America”, canción de U2: Its early fall. There’s a cloud in the New York skyline. Innocence…dragged across a yellow line”. Construcción de metro, ensanchamiento de metrópoli, incendios, fugitivos… la ciudad está sufriendo un sinnúmero de procesos que cambiarán su acerada faz para siempre y los citadinos no son más que espectadores momentáneos del cambio de una urbe cuyos latidos se aceleran cada que la nube parda cae sobre el horizonte neoyorquino. La inocencia se va lentamente en las calles de Broadway y los tugurios de Allen. Al final del día, las manos que construyeron la America de Dos Passos son manos de distintas texturas, cicatrices, hedores y nacionalidades. Nativos, irlandeses, negros, italianos, holandeses o alemanes; que ganen o pierdan, que se queden o se vayan, todo está escondido en la partitura de Manhattan, dispuesta en vidas fragmentadas que la urbe ha devorado.

i Dos Passos, Jhon. “Manhattan Transfer”. Edit. Círculo de Lectores. Pág. 39.

ii Fuentes, Carlos. Extraído del prólogo a “Manhattan Transfer”, de Jhon Dos Passos. Edit. Círculo de Lectores. Pág. 10.

iii Ibíd. Pág. 13.

ANDRÉS DAVID RENDÓN ARREDONDO ©UNIVERSIDAD DEL VALLE

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